A petición de una lectora cansada de leer en mi cuaderno sólo críticas, me lanzo ahora con un relato “bonito”, como ella pedía. A ver si es del gusto de todos…
Tanatos
Había tomado por costumbre ir a caminar por el mismo sendero desde hacía tres meses. Le gustaba la sombra que acompañaba todo su trayecto y el sonido del riachuelo que corría a uno de los lados. Los intensos días de calor del cruel verano daban tregua a los caminantes que paseaban por allí; y los grandes chopos, con su sombra; y el arroyo, con su fresca humedad, obligaban a no abandonar el camino, a buscar un lugar donde sentarse y disfrutar de una temperatura agradable. Se sentaba, como acostumbraba a hacer desde hace tres meses, en una pequeña zona accesible al arroyo, el cual estaba en casi todo su trayecto protegidos por zarzas. Allí, en una piedra lo suficientemente cómoda para estar sentado, descansaba y observaba y escuchaba cuanto le rodeaba, que no era poco.