Corridas de toros: ¿Sí o no?

2010
03.08

Mi casa siempre ha sido de esas casas donde la televisión estaba encendida hubiese lo que hubiese. La tele tenía su propia habitación y su propia vida, tranquilamente habitaba el salón y no le importaba hablar sola mientras el resto de habitantes estaban en otras habitaciones. A veces mirabas a la tele, más por costumbre que por algo que llamara la atención, y rápidamente te veías forzado a cambiar de cadena o salir del salón porque tu mirada se centraba en un toro que estaba siendo salvajemente aniquilado en público. Hace ya más de diez años decidí ir en mi pueblo a una corrida de toros para ver qué se sentía en un espectáculo así. No he vuelto a ir nunca jamás, no he vuelto a asistir a las vaquillas de los pueblos y no he vuelto a mirar la tele cuando están haciendo corridas de toros.

Recuerdo que el toro me impresionó, fuerte, grande, vivo, hermoso. Temía que saltara el burladero, subiera por los asientos de la plaza hasta encontrar el mío y me diera una buena cornada. Pero había algo en ese toro tan bonito que no me cuadraba. Bajé todo lo que pude hasta colocarme en la primera fila de asientos y allí miré fijamente al toro. Vi miedo en sus ojos. Miraba de un lado a otro; asustado, embestía contra quien tenía delante, y no encontrando salida, se enfrentaba al torero, no por ello dejando de mirar a todos lados por si encontraba alguna puerta abierta por la que huir. Por lo menos ésto es lo que yo pensé cuando lo miré a los ojos. La corrida fue bien hasta que empezaron a sacar las banderillas. Cuando empezaron a clavárselas y el toro empezó a sangrar la sangre de mis vasos sanguíneos se empezó a acumular en mi cabeza. Arrugué la frente y apreté mandíbula y labios. Empecé a mirar en todas direcciones, a todo el mundo que me rodeaba; la gente parecía disfrutar. Empecé a maldecirme por haber ido a tan macabro espectáculo. Pero la cosa aún no se había puesto mal, porque lo peor estaba por llegar. En lo que llaman el tercio de muerte, ese momento en el que le dan matarile, el torero cogió su espada y la clavó. El toro gritó. Sí, gritó. ¡Joder! Se me pusieron los pelos de punta. Pero el toro seguía vivo así que el torero recogió su espada, el toro ya no tenía fuerzas para contraatacar, y volvió a hundirla en su cuello. El toro empezó a gritar de nuevo y así estuvo, gritando, hasta que a la puta séptima vez el torero por fin le dio muerte, o ya sin sangre en su corazón, el toro murió. Por supuesto no pude quedarme a ver la siguiente corrida. Lamenté mucho haber ido esa vez, pero necesitaba saber qué se sentía

Muchos artículos hay escritos, a favor y en contra de los toros. Aquí y acá tenéis unos ejemplos. El mío es uno más de los que están en contra.

He leído artículos donde describen algunas prácticas habituales para preparar un toro para la corrida. En todos los artículos que he visto coinciden en algunas. No tiendo a creer todo lo que leo, pero tampoco lo dudo o lo rechazo per se. Un amigo que sí ve belleza en el “arte” taurino me confirmaba que le clavan un punzón en el cuello para restarle fuerza en el músculo y que no pueda embestir con toda su fuerza al “valiente” torero. Pero las cosas que leído me han horrorizado. Si antes no veía nada honroso en esta matanza, ahora aún menos.

No voy a aportar ninguna opinión nueva en contra de los toros, está todo dicho, y muy bien dicho. Sólo voy a recalcar, subrayar, dar énfasis a los puntos que más me conmueven. Muchos protaurinos esgrimen como excusa para su lúdica crueldad y para rebatir las opiniones de los que no estamos a favor de las corridas de toros, que hay cosas más importantes en la vida, que hay situaciones más angustiosas, más conmovedoras, más tristes y sobrecogedoras de las que preocuparse, como la muerte de negritos malnutridos, los asesinatos de mafias y grupos paramilitares, los atentados terroristas, en definitiva, que hay situaciones de una crueldad suprema, mucho mayor que la que los toros ofrecen, para que nos tengamos que fijar en una corrida de toros y denunciarla por violencia. Nos acusan estos protaurinos de ser egoístas y preocuparnos por un toro y no preocuparnos de los sin techo que mueren de hambre en la calle, de la fatla de trabajo. Nos acusan de querer más a un animal que a un hombre.

Hace mucho tiempo que pienso en esto, no sólo referido a los toros: ¿somos los amantes de los animales y la naturaleza personas deshumanizadas sin ningún sentimiento para nuestros congéneres? No. Ésto le dije una vez a un amigo: “Un hombre que sea incapaz de matar una hormiga, ¿crees que sería capaz de matar a un hombre?” Por si algún loco me está leyendo debo dejarle claro que la respuesta es NO, nadie que ame tanta la vida, incluso la vida de una hormiga, podría arrebatar la vida a otro ser vivo. A aquellos que nos preocupa la vida del toro no nos dejan de preocupar otros problemas, es más, diría que somos los mismos, si no los únicos, que nos preocupamos por más cosas.

No es lo mismo matar para comer que matar por diversión. Porque eso es lo que es, una diversión, un entretenimiento, una barbarie a la que acuden una pandilla de desalmados a ver muerte, oler sangre, gritar en jauría humana y al unísono cuando se le hace daño al toro; relamerse cuando se ven los primeros y abundantes chorros de sangre brotar por las heridas que no dejan de ser aguijoneadas por las banderillas clavadas en ellas; jactarse de su superioridad humana, el dominio de la bestia. La crueldad es la misma tanto si se mata a un hombre como a un animal. El odio requerido para matar innecesariamente es el mismo; la sangre fría necesaria, la misma; el poco aprecio por la vida, el placer al dar muerte, el sentirse superior, con poder; el mismo. ¿Y qué decir de la cobardía que al mismo tiempo encierra este triste espectáculo?

Los caballos también se usan para ayudar a los toreros a dar muerte. Montados por picadores son conducidos hacia el toro para aguijonearlos con sus picas. Si estos caballos pudieran elegir seguro que no querrían ayudar al torero. No me cabe duda que el caballo es consciente del miedo del toro y del peligro que acercarse a un animal nervisoso acarrea. Pero sus dueños mandan, así que forzdos por las riendas que le sujetan y pellizcan la lengua es guíado a derecha e izquierda, al frente o atrás. Y a veces el toro mata al caballo. Confundiéndolo con un enemigo, porque jinete, pica y caballo son uno, el toro embiste al caballo. Y si no fuera por los petos que les ponen a los caballos las tripas se les saldrían delante del público. Triste fin para dos hervíboros que sólo pensaban con seguir devorando hierba.

Mucho me estoy conteniendo evitando usar palabras soeces y malsonantes, insultos e improperios hacia aquellos que dan muerte a un animal, ya sea toro o no. Pero…, ¡qué coño! ¿Por qué habría de reprimirme? ¿No son ellos unos asesinos? ¿Y no soy yo una persona que denuncia y critica el vandalismo? Siemmpre lo he pensado, estudiar, leer, son hábitos que ayudan a las personas a abrir la mente; hábitos que ayudan a expandir los límites de la percepción, de las soluciones. ¿Qué se puede esperar en ese caso de un torero que es analfabeto? Y que conste que respeto mucho a la gente analfabeta. Pero son los analfabetos que eligen el camino más fácil los que odio, aquéllos que cierran sus oídos y se tapan los ojos porque no quieren saber (porque en su ignorancia son felices). Son éstos fáciles de engañar por mentes más espabiladas para que arriesguen sus insulsas vidas en el ruedo, y con esta excusa, hablan de honor en el ruedo. No hay ningún honor en enfrentarse a la muerte, no es nada digno el dar muerte ni recibir la muerte de manos de un asesino.

El Heraldo de Aaragón plantea la siguiente pregunta en su página web: ¿Cree que se deberían prohibir las corridas de toros? Podéis pasaros y ofrecer vuestra opinión así como ver los comentarios de la gente.

2 Responses to “Corridas de toros: ¿Sí o no?”

  1. sekano says:

    Vaya, no esperaba que sucumbieras con tanta facilidad a la tentación de hablar de estas cosas de tan rabiosa actualidad pero tan inutiles en un momento politico y economico como el que estamos viviendo. Ahora lo que menos debería importar son los rabos que cortan o dejan de cortar los toreros.

  2. nemolinx says:

    He estado pensando si escribir sobre el tema o no, pero al final, por falta de otras ideas me he lanzado a por ésta. Me ha faltado comentarlo, pero muchos problemas que hay en la actualidad tienen la misma raíz o están íntimamente relacionados. No quiero decir que los toros estén directamente relacionados con la política (aunque yo sí vea algo de relación), digo que la solución, o el pensar en la solución de un problema, sirve muchas veces para solucionar otros. Y así como la higiene y una buena alimentación son la cura y prevención para la mayoría de enfermedades, el respeto, la tolerancia y el aprecio por la vida son la solución para muchos problemas actuales.
    ¿Habría tantos problemas si la gente no odiara y matara directa o indirectamente? NO. Si no hay odio es que hay amistad, camaradería, ganas de ayudar, de hacer las cosas mejor para todos y para uno mismo.

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